La Gran Belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
Mientras los otros aspiraban a lo que aspiran los adolescentes nuestro héroe se detenía en el olor de las casas de los viejos. Un sino nostálgico, irremediablemente sensible.
El mundano de los mundanos, accediendo a la luz desde el barro, santificando carne.
El final reza algo así:
Así es como siempre termina,
con la muerte.
Pero primero hubo una vida;
Oculta bajo el bla, bla, bla.
Todo reposa bajo la frivolidad y el ruido,
el silencio y el sentimiento,
la emoción y el miedo
Los destellos demacrados e inconstantes de la belleza.
Y luego la arruinada pequeñez y la miserable humanidad.
Todo enterrado bajo el manto de la vergüenza de estar en el mundo… bla, bla, bla.
Más allá, hay otras cosas,
A mi no me importa el más allá
Por lo tanto...
La novela comienza.
Después de todo,
es sólo un truco,
es sólo un truco.
El poeta es salvado por un destello, un rayo lo atraviesa. La escena final: el regalo de Elisa como catalizador, como el que en Belleza Americana le regala Ángela a Lester.
¿No fue algo similar lo que ocurrió cuando Menelao iba a descargar su ira contra Helena? Ese ver, apenas un asomo de esa gran belleza.
¿Dónde, dónde estás belleza? Tal vez y hacer caso a la santa, y alimentarme de raíces.